jueves, 21 de diciembre de 2006

Yule


 Ved la cara resplandeciente de la Diosa con ese hermoso bebé en sus brazos, la Madre feliz y amorosa esta con nosotros. 

Ya ha llegado, demos la bienvenida al Sol.... Ya empieza a llegar la luz una vez más, pronto llegará la primavera y el verano, observad cómo nuestro Dios cada día se hace más fuerte... 

Antes de la llegada de nuestro Señor, decoremos la casa como es debido, es día de celebración, ha regresado de entre los muertos. Que halla luces por doquier, guirnaldas de colores, de flores y hiedra. Colocad muérdago por la casa y acebo en los techos y paredes. 

El árbol de Yule debe ser nuestro trabajo más esmerado. Decorémoslo con ramitas de canela, bolsas de té, velas, guirnaldas, frutas y todo aquello que nos recuerde el revivir de la Naturaleza. Podemos crear unas bolsas especiales en las que meter cosas que representen nuestros deseos. Por ejemplo: unos pétalos de rosa, unas monedas o un trébol... cualquier cosa que se desee, todo mezclado en una bolsita de tela y anuda a una rama del árbol. Podremos quemarla después en la hoguera o guardarla hasta el próximo Yule donde se dará gracias y se quemará. 

Dejemos unas ofrendas en el árbol, hemos crecido pero, los regalos siguen haciendo ilusión. Por ello, si se desea recibir algo, antes algo hemos de dar... 

La mesa tendrá un mantel verde como los prados que revivirán pronto, con unas velas rojas como las bolitas del acebo y otras blancas como la nieve. Las velas doradas, amarillas y anaranjadas nos recordarán que la llegada del Sol está próxima. El incienso será uno de canela, de pino o cedro, o de cualquiera de esos árboles que, a pesar del frío han seguido verdes (perennes)... 

Colocaremos unas cestas decoradas con muérdago, acebo en el fondo y hiedra sobresaliendo. Sobre ello colocaremos la fruta, el pan, las galletas y todos los dulces que vayamos a comer durante esta celebración. El menú será un pavo o un estofado, acompañados de una salsa de arándanos. Bebamos té de cualquier hierba, de jengibre, canela o grosella. 

Llega la noche, se puso el Sol... Encendamos la hoguera o apaguemos luces y dejemos todo iluminado con velas. Ha llegado el momento de esperar al Dios. Bailemos en círculos para que nos llegue el cambio que esperamos, contémonos relatos mientras impedimos que el fuego de hoguera y velas se extinga hasta el amanecer. Sólo a media noche, apagaremos todas las velas para después, encender una y con la llama de ésta las demás. Así representaremos la llegada del Dios que, llega con una pequeña luz, casi sin fuerzas pero, con el tiempo, va iluminando más zonas y dando más calor. Si se ha hecho la hoguera, esta se apagará y se encenderá por frotación, pues el calor del Dios tardará en llegar, al igual que conseguir encenderla a la primera... Antes de encender hoguera y velas, meditaremos sobre la luz y su llegada. Elegiremos entre todos uno de los leños que van a echarse a la hoguera y colocaremos nuestras manos en él pidiendo un deseo cada uno. Arrojadlo al fuego visualizando cómo pronto se cumplirá aquello que anhelamos. Si no se hace hoguera, utilizar la bolsita de los deseos y quemadla en una vela o en el caldero (o cazuela en su defecto). 

Unos momentos antes de la llegada del Sol intercambiemos regalos con aquellos a los que amamos. Al salir el Sol, salir al exterior a darle la bienvenida con cánticos y danzas. Ha llegado el momento de apagar velas y hoguera, la luz de nuestro Dios ha llegado.