jueves, 15 de noviembre de 2018

El tarot y yo


Suelo utilizar el Tarot pero menos de lo que me gustaría. Acudo a él en momentos difíciles, cuando no encuentro una salida o alternativa posible a usa situación que me sobrepasa. Soy una mujer muy impulsiva y tiendo a cometer errores por no pararme a pensar en otras soluciones y no la primera que me viene y el Tarot consigue que mínimo durante lo que dura esa tirada, me centre en buscas soluciones y modos de actuar.
Muchos ya sabéis que tengo muchísimas barajas de Tarot y oráculos (90 creo recordar 🙄), algunas por puro coleccionismo y otras porque me funcionan muy bien. Lo más importante para mí en una baraja es que las cartas me “hablen”, que sus imágenes me transmitan algo. Suelo tomar una carta, mirar su imagen y tratar de buscar una historia que explique lo que veo o tratar de empatizar con la situación que se muestra. También necesito que las cartas sean resistentes porque si son muy finas, al barajarlas se doblan y arrugan y ese deterioro me duele demasiado. A esto le puse solución plastificándolas. También hay otros que tienen mucho dorado que “salta” con el uso (el Nefertari Tarot, por ejemplo) que, de nuevo, por miedo al deterioro, son más de coleccionismo que de uso.


Hay una tirada que me funciona muy bien, es El montículo de las hadas, del que hablé en esta entrada. Me va genial desde el primer día en que la usé y yo siempre digo que si algo funciona, ¿para qué cambiarlo?
Para sentarme a una tirada necesito siempre algunas velas, incienso, piedras/cristales relacionados con aquello que consulto, bolígrafo, cuaderno y una taza de té. Hago varias respiraciones profundas con la baraja entre las manos y después barajo pensando en aquello que quiero consultar.
Me gusta conseguir cajas de madera para mis mazos de Tarot y oráculos pero, teniendo tantos, se hace difícil por lo que recurro en ocasiones a bolsas de tela o a dejarlos en sus cajas de cartón originales.


Cuando compro barajas de segunda mano me gusta dejarlas en mi altar todo un mes lunar. Me gusta en menguante y nueva hacer una limpieza dejándola en el altar con algún cristal encima y en creciente-llena consagrarla a mi servicio. Suelo llevarla conmigo un tiempo (en el bolso si salgo y en un bolsillo si estoy en casa), para familiarizarnos la una con la otra.
Mi Tarot favorito y el que lleva conmigo desde 2005 es El anillo de las hadas, es claro y certero. No se anda con medias tintas y no me ha fallado nunca.


Mi Samhain


Desde hace más de quince años celebro Samhain cada 31 de octubre. Normalmente no celebro solo esa noche Dino los días previos y posteriores, a veces puedo estar una semana dedicándome al altar y a actividades relacionadas con esta festividad. Suelo colocar el mantel y las fotos de difuntos el primer día, otro coloco veladoras, otro las ofrendas... lo que siempre hago todos esos días es hablarles. Al pasar por el altar o mientras lo monto, les dedico unas palabras. A veces a uno de ellos en concreto y otras a todos en general.
Nunca faltan las fotos de mis difuntos (mi abuelo Antonio, mi abuela Inés, mi bisabuela Antonia —aunque yo la llamaba “abuela vieja”—, mi tía Mari, mi abuelo Kiko y mi abuela Cathy). Este año ha pasado algo curioso y es que siempre guardo las fotos juntas en una caja con sus marcos y sus cuencos de cristal para las ofrendas. Siempre están todos juntos. Este año la foto de mi abuela Cathy no ha aparecido ni tampoco su cuenco. Esto me ha hecho pensar. Quizá debo empezar a ser más honesta con mi altar. Desde hace muchos años estoy desvinculada de la familia de mi madre. Desde que me casé y me fui a Austria. Toda su familia me ignoro los casi siete años que estuve allí. Ni llamadas, ni cartas... nada. Y siempre he renegado de ellos por eso. Entonces me pregunto, ¿por qué sigo colocando sus fotos y sus comidas preferidas cada Samhain? Supongo que por tradición, costumbre y respeto.
Este año he tardado más en montar el altar, justo lo monté la noche del 31, porque estuve cosiendo un mantel y lo lavé al acabar la labor pero hasta la tarde del 31 no se secó. Aquí os dejo foto del dibujo del mantel.


Intento mantenerme fiel a la tradición de ponerles velas y ofrendas a los difuntos y de hacer una meditación donde desterrar lo malo del año y hacer propósitos para el siguiente. Si bien antes decoraba siempre alguna calabaza y la colocaba en el altar, este año no he sentido que me represente esa tradición y he prescindido de ella.
Me gusta en esta época comer crema de calabaza por ser un producto de la época y beber mistela, una bebida típica valenciana.
Hay varios textos y canciones que leo y canto en la noche de Samhain y que tenéis recopilados en esta entrada.





Están aquí

Debo decir que yo he tenido muy poca conexión con mis familiares porque vivían en Extremadura y yo en el País Vasco por lo que es difícil para mí tener esa relación que muchos tienen con sus abuelos, tíos, primos... ya que a la mayoría solo los veía unos días en agosto. Pero sí es cierto que hubo algunos que en mayor o menor medida dejaron una huella en mí y, aunque no he llegado a sentirlos a mi lado tras su partida, sí que hay cosas que despiertan mis recuerdos, los evocan.
Por ejemplo, en el caso de mi abuelo paterno, Antonio, es una costumbre mía comer fresas con nata cada 14 de febrero, día de su cumpleaños, porque era su postre favorito.
Con mi abuelo materno, Kiko, no he vuelto a comer migas desde su muerte porque me duele demasiado saber que no más hizo él. Cada verano me preguntaba qué quería comer y le pedía migas con sardinas. Él sonreía y se ponía a rebanar pan duro toda la mañana para concederme el capricho. Además, le encantaban las almendras garrapiñadas y siempre que era la feria del pueblo le compraba una bolsa y nos las comíamos. Adivinad quién tampoco ha vuelto a ser capaz de comer almendras garrapiñadas...
De mi abuela Inés os hablé en esta entrada y por él sabréis que mi mejor manera de tenerla presente es honrando su apodo (la Zorra) y ostentándolo con orgullo. De hecho, quiero tatuarme un zorrito para tenerla siempre conmigo aunque ahora siempre estará representada en mi casa gracias a esta muñeca que encargué a Dancing Goddess Dolls.


Creo que no hay sonidos ni lugares concretos aunque sí tengo una tremenda espinita en mi corazón: que se vendiera la casa de mis abuelos paternos, donde tantos veranos me bañé con mis primas y mi abuelo en una piscina que él mismo nos construyó. Fue muy duro saber que otra familia ocupaba ahora aquella casa donde guardo tantos recuerdos. Esa calle Corredera del pueblo de Orellana la Vieja será siempre especial para mí, pasen los años que pasen. Aunque no recuerde sus voces, me quedan sus fotografías y los recuerdos, más borrosos cada vez y siempre en esta fecha me gusta recordarlos y honrarlos por todo lo que me aportaron y en mi niñez no supe valorar.


De pequeña, al morir mi abuelo paterno, soñé con él, la noche de su velatorio. Aparecía vestido de blanco y me decía que no llorara, que sabía lo mucho que le había querido y que volveríamos a vernos pero que debía irse porque tenía cosas que hacer. Quizá por eso no los siento cerca, no noto su presencia etérea porque desde muy niña he creído que parten a cumplir con otra misión. Pero algún día, todos volveremos a reunirnos, ante un plato de migas, cuencos repletos de fresas con nata y la alegría del reencuentro.

Ancestros || Inés


Aquí os presento a mi abuela paterna, Inés Cabrera Cerro, nacida el 5 de marzo 1921. Sus padres, mis bisabuelos, eran Eusebio y Loreta. De hecho, de su padre viene el apodo familia de los Zorros. Mi bisabuelo vivía en el pueblo (Orellana la Vieja, en Badajoz) pero trabajaba en un olivar y una huerta que tenía y en la sierra y se iba allí con su mula desde que salía el sol hasta tarde en la noche que volvía a casa con su familia. Y en el pueblo empezaron a decir que “bajaba al pueblo por las noches como las zorras” (que bajan a robar huevos). Así, mi bisabuelo pasó a ser “el tío Zorra”.
De niña, cuando iba al pueblo, los de allí decían “es nieta de Inés, la Zorra” y claro, me hervían los higadillos por la connotación negativa de la palabra en el lenguaje coloquial español. Porque que mi padre y su hermano fuesen “los zorritos”, pase pero que las hermanas fuesen “zorritas”... y OJO mis primas y yo... “las zorrillas” pues como que me molestaba mucho. Pero, poco a poco he aprendido a sentirme muy orgullosa de ser nieta de Inés, la Zorra.
Voy a ser sincera, cuando era pequeña y desde que murió su marido, mi abuelo Antonio, no me gustaba mucho ir a su casa. No era muy niñera, a veces parecía que le molestaba tener niños en casa. Pero mis primas y yo nos juntábamos allí cada agosto en vacaciones y jugábamos en el enorme patio trastero de la casa.

Como anécdotas graciosas contaré que recuerdo la casa siempre plagada de regueros de hormigas, o que una vez comiendo natillas caseras, dentro había cristales... porque se le rompió el azucarero de cristal y claro, no iba a tirar el azúcar. Lo barrió y recogió y lo metió en otro azucarero 🤣
La recuerdo haciendo ganchillo, con las gafas justo en la punta de la nariz y mirando de reojo a la tele. Es extraño... pero me doy cuenta de que recuerdo su olor cuando la besaba o la abrazaba. No sabría describirlo pero puedo evocarlo en mi memoria como si la tuviera delante.
No tenía ni buena ni mala relación con ella. Era mi abuela, la veía un mes al año y poco más. Era algo te siempre me apenaba en fechas señaladas como por ejemplo, Navidad. Todos mis compañeros de clase hablaban de encuentros familiares y yo solo estaba con mis padres porque casi toda la familia estaba en Extremadura.
El 25 de enero de 2002 fallecía mi abuela y fue con su muerte cuando yo empecé a conocerla mejor. Quizá porque ya no era una niña —tenía veinte años— y quizá porque ahora que a mi padre le faltaba su madre y necesitaba hablar más de ella. Supe que vendió las tierras de mi bisabuelo para darle dinero a mi padre cuando yo nací para poder mudarnos y pagarnos un piso en Lasarte-Oria (Guipúzcoa), donde viví hasta mis cinco años. Esto me hizo sentirme muy culpable. Siempre la tuve como una abuela tacaña que nunca me daba regalos (fue algo que me insinuaba mi abuela materna siempre, preguntándome si mi abuela paterna me daba la paga o me compraba cosas).
Desde entonces, es posiblemente mi antepasado más honrado en estas fechas. Si bien en España es tradición ir al cementerio a limpiar lápidas y poner flores, yo prefiero poner sus fotos en mi altar con una vela para cada uno y un cuenco de cristal con su comida favorita, chorizo en el caso de mi abuela. El año pasado supe por mi amiga Sjel (que es asatru) que en estas fechas escriben cartas a sus difuntos y dije que este año adoptaría esa costumbre.


Además, hace un mes solicité a Kelli, propietaria de Dancing Goddess Dolls que me hiciera una muy especial para este Samhain: vestida de negro, con pelo canoso y un zorro bordado en su ropa junto a unas bellotas, ya que la bellota es el símbolo de Extremadura.

Curiosidades || El origen de Bluetooth


Este es el rey Harald Bluetooth (dientes azules) Gormsson de Dinamarca y Noruega. Su apodo le viene de la gran cantidad de arándanos que comía, que tiñeron sus dientes. Comúnmente visto como un gran unificador, inspiró la tecnología bluetooth (porque une dispositivos) Y el logo son las runas nórdicas de sus iniciales.


Cuando se le pidió a Jim Kardach que desarrollara tecnología inalámbrica para dispositivos portátiles en Intel, estaba leyendo The Long Ships (1941-1945), una novela de aventuras históricas sobre los vikingos que cuenta con el rey Harald Bluetooth, el rey que gobernó sobre todas las tribus en Dinamarca desde el año 958 y luego logró conquistar partes de Noruega, haciendo que todas las diferentes tribus se comunicaran y se unieran.
Cuando Jim Kardach desarrolló la tecnología y logró que diferentes tipos de dispositivos se comunicaran de forma inalámbrica, lo llamó Bluetooth, porque la tecnología y King Bluetooth tenían el mismo propósito: la unidad y la comunicación entre diferentes grupos.
El logotipo de Bluetooth es la combinación de "H" y "B", las iniciales de Harald Bluetooth, escritas en las antiguas letras utilizadas por los vikingos, que se llaman "runas".

Ahora, ¿por qué se llamó Harald Bluetooth? No está muy claro. La palabra danesa que significa "azul" hoy también significa "oscuro" en el pasado, por lo que el Rey Harald era quizás algo "Oscuro". O bien tenía dientes muy malos que le valieron el apodo de "Diente Oscuro", o el apodo es un error en la traducción de las palabras que significan "Jefe Oscuro", o realmente había algo azul en él.
En cualquier caso, se le conoce como Bluetooth y tenemos sus iniciales escritas en runas en nuestros ordenadores, teléfonos inteligentes o tablets. Solo encontrad la configuración de Bluetooth, encendedlo y veréis aparecer esas letras antiguas en la barra de menú en la parte superior de vuestra pantalla.


Bizcocho de limón


Este año me he propuesto aprender repostería y también quiero hacer mi propio pan. Por ello, empecé con un sencillo bizcocho de limón que puede utilizarse en los rituales como ofrenda y también para compartir. 

Ingredientes (8 personas): 

• 3 huevos
• 1 sobre de levadura en polvo (16 gr de polvo para hornear)
• 1 yogur de limón (125 gramos)
• harina (3 medidas de yogur)
• azúcar (2 medidas de yogur)
• aceite de oliva virgen extra (1 medida de yogur)
• ralladura de 1 limón
• mantequilla y harina (para untar el molde)

Elaboración

Calienta el horno a 180° Bate los huevos. Agrega el azúcar, el yogur, el aceite y la ralladura de limón. Mezcla la harina y la levadura y añádelas a la mezcla. Sigue batiendo hasta que todos los ingredientes queden perfectamente incorporados. Unta un molde con mantequilla o aceite y espolvorea con harina (o utiliza papel de hornear), vierte la mezcla y hornéalo a 180ºC durante 40-45 minutos. Deja que se temple y desmóldalo.

Mi Equinoccio de Otoño


Este año me propuse ser más creativa, ya que siempre digo que tengo "dos muñones izquierdos" cuando trato de hacer algo artístico. Lo admito, no nací con esa habilidad. Pero también considero que es muy cómodo estancarse en el "no puedo" sin intentarlo, sin demostrarte que sí puedes. Y así es como decidí que en cada celebración decoraría mi mantel del altar con un pequeño bordado a punto de cruz, que es una técnica que siempre me ha gustado y además me relaja mucho. Encontré este patrón de unas ardillas con unas bellotas y me pareció gracioso para estar en el centro del mantel, dejando un hueco ideal entre ella para colocar una vela o una pequeña ofrenda. El resultado me gustó mucho y me animó a querer seguir decorando más manteles en próximas festividades.


El día del equinoccio fui al bosque El Saler con unos amigos, mi hijos y mi chico para hacer un banquete en plena naturaleza, estuvimos comiendo —mi pan casero fue un éxito— y bebiendo juntos y recogiendo piñas y hojas caídas para el altar.


A la noche, ya en casa, decidí llevar a cabo una meditación guiada que encontré en Youtube. Admito que hago menos meditaciones de las que desearía y que, aunque me hago el propósito de organizarme el día para mínimo antes de dormir, dedicar quince minutos a esta práctica, admito que, al final, muchas veces me gana la pereza y me voy a la cama sin hacerlo. Esta meditación estuvo muy bien, salí prácticamente renovada y realicé el ritual aún más involucrada con lo que se celebra en esta festividad.



En el altar coloqué alimentos de la temporada y otros elaborados por mí, como mi primer pan amasado por mí misma. También coloqué zumo de granada y uva en el cáliz y traté de elaborar una cornucopia, rellenando mi cuerno ritual con manzanas, espigas y uvas. Tras la meditación y tras bendecir los alimentos y la bebida, procedí a recrear el mito del rapto de Perséfone a manos de Hades, el cual explicaba a los antiguos griegos la llegada de la época oscura del año debido a la tristeza de Demeter por perder a su hija. Así que comí unos granos de granada, interpretando el papel de Perséfone convirtiéndose en Reina del Inframundo.



Receta de pan


Ingredientes:
:bread: 300 gr. de harina de fuerza (vale también de trigo)
:bread: 160 ml. de agua
:bread: 6 gr. de sal
:bread: 1 sobre de levadura de panadería
Elaboración:

Mezclar los ingredientes sólidos y luego agregar agua poco a poco. Pasar la mezcla al mármol enharinado y amasar constantemente hasta que la masa no se nos pegue a los dedos. Hacer una bola y tapar con un trapo. Dejar reposar 20 minutos. Amasar de nuevo y darle la forma deseada. Volver a tapar con un trapo y dejar fermentar 20 minutos. Hornear a 200° hasta que se dore (30-40 minutos)

Arte acuático || Ofelia

Autor: John Everett Millais
Nos encontramos ante una mujer desesperada por el rechazo del hombre amado y la pérdida de su padre que, en medio de tanto dolor, termina muerta sobre las aguas de un río mientras recogía flores. Pero el autor ha ocultado esa desesperación dándole a toda la escena un aire de serenidad con la ayuda de los elementos que rodean a la figura femenina de manera armónica. La expresión en el rostro de Ofelia recuerda a la de muchos mártires de cuadros renacentistas, como si la protagonista se abandonara en paz a su cruel y acuático destino.
Fijándonos detenidamente en el entorno, podemos encontrar que la propia vegetación que rodea a Ofelia guarda un simbolismo estrechamente relacionado con su historia.
• Sauce: Amor
• Ortigas: Dolor
• Margaritas: Inocencia
• Violetas: Fidelidad
• Rosa: Indecisión
• Amapola: Confesión, adormecimiento previo a la muerte por ahogamiento.
El autor tomó como modelo a una joven de diecinueve años llamada Elizabeth Siddal, quien posó vestida en una bañera durante cuatro meses para que el artista pudiera apreciar mejor los pliegues del vestido en el agua y el movimiento de este y del cabello. En uno de mis baños decidí centrarme en la figura de Ofelia en este cuadro y cerré los ojos dejándome llevar por las sensaciones del momento. Elegí música ambiental e incienso de sándalo y entré en un estado de paz que llegó a recordarme a la armonía que inspira el cuadro. Interpreto el cuadro como si Ofelia, al caer al agua, sintiéndose sola por el rechazo de Hamlet y la pérdida de su padre, decidiera que no tiene por lo que luchar y se resignase a morir, dejándose ir en paz. No aprecio agonía en su rostro y sus palmas hacia arriba es como si se entregara a Dios de manera sumisa, considerando que es su momento de partir ya que, al menos en el río que se aprecia en el cuadro, haber salido del agua hubiera resultado fácil teniendo sauces a los que asirse. He pensado en el peso del vestido, en que pudo golpearse la cabeza y quedar inconsciente —mi formación sanitaria hace que piense en estas posibilidades— y en cómo no se ve ningún signo de hipotermia en ella, solo abandono. ¿Tanto dolor sintió como dejar de luchar? Me hace sentir lástima de la vulnerabilidad y docilidad de Ofelia pero a la vez cierta rabia al ver que alguien puede llegar a ese nivel de desesperación de no querer seguir luchando por su propia existencia. Comprendo el dolor de Ofelia, el sentimiento de soledad y observar el cuadro conociendo su historia hace que algunos aspectos de este no terminen de convencerme porque no hay signos de dolor en ella. Como si realmente hubiera elegido voluntariamente su muerte incluso antes de caer a las aguas. ¿Buscaba Ofelia morir al subirse al sauce para decorarlo con flores, sabiendo lo cerca que estaba el rio de este? ¿Era una inconsciente? ¿Le nublaba el dolor su raciocinio? Sea como fuere, en el cuadro la vemos casi con la misma expresión que se aprecia en la escultura de el Éxtasis de Santa Teresa, de Gian Lorenzo Bernini, como si en ese instante viera una aparición divina o se abrieran los cielos para darle la bienvenida. Quizá por mi espíritu luchador, por haber sufrido varios desengaños, pérdidas y situaciones difíciles sin haberme rendido, esta escena me despierta cierta impotencia ante la idea de saber que hay gente que, como Ofelia, se deja llevar por el río en éxtasis por sentir que ya acaban sus problemas, sin comprender que abandona la posibilidad de solucionarlos y lograr la felicidad.
Refiriéndome a la importancia del agua en el cuadro, veo la calma que transmite incluso con la figura femenina sobre ella. Como si la acunara hacia su destino final, llevándola de manera serena y relajante y me recuerda a todas las veces que yo me doy un baño y me abandono a esa paz, dejando que los problemas fluyan por el agua, yéndose por el desagüe al quitar el tapón. Solo que Ofelia no quitó el tapón, decidió fluir allá a donde las aguas la llevasen.

Destino acuático || Hawaii



Al ser una agrupación de islas, está rodeada de agua y esto hace que su cultura, costumbres y recetas estén estrechamente ligadas al agua y el mar. Por poner un ejemplo curioso, quisiera hablar de la costumbre hawaiana de no llorar ni lamentar la muerte de un difunto en la casa hasta que el cuerpo haya sido limpiado, para que el espíritu de este no se asuste y huya. La limpieza del cuerpo se hace con agua salada, que además de purificadora, es lo que ellos llaman “wai kda” o “agua del perdón”. En ocasiones se coloca un puñado de sal en el ombligo para mantener el cuerpo seco y que actúe a modo de conservante. La tradición de preparación del cuerpo incluye muchos otros pasos más pero, me quedo con este ya que emplea el agua a modo de purificación y perdón.
Así mismo, consta de una gran mitología relacionada con el mar, la naturaleza y los volcanes. Desde dioses protectores a monstruos marinos, pasando por tortugas sagradas y una raza de hombres que puede convertirse en tiburones, la mitología hawaiana muestra dos caras de un mismo elemento, dejando ver cómo el mismo agua que da vida puede también arrebatarla y lo mismo que sus aguas pueden conducir a lugares maravillosos también pueden ponerse en contra de uno.
El mar es en ocasiones la explicación de origen de muchas tradiciones y practicas como es el caso so del surf, que se cree que el primer hombre y la primera mujer que encontraron las primeras olas en la costa, en señal de alabanza ante tanta belleza se fundieron en una danza sagrada de amor a la que se puso por nombre surf. También mediante leyendas explican la extraña pigmentación rojiza que adquieren las aguas de Wainapanapa en algunas ocasiones del año diciendo que la princesa Popoalaea se escondía en la cueva para protegerse de su cruel esposo, quien la descubrió y la mató y que es la sangre de la princesa lo que tiñe las aguas. También se usa la mitología para explicar el canibalismo de algunas tribus, ya que a los hawaianos esta costumbre no les agrada, hay una creencia que considera que los miembros de estas tribus son hombres tiburón que no han terminado de evolucionar.


Dentro de la cultura hawaina se encuentra el arte del tatuaje que puede ser de origen religioso o social y que en ocasiones representa el abandono de ser un niño al pasar a la edad adulta. Algunos tatuajes guardan relación con el mar como por ejemplo:
• Tiburón o dientes de tiburón: Protección
• Tortuga: Longevidad, vida
• Caracoles, conchas: Prosperidad
• Mantarraya: Adaptación, gracia, paz, peligro, agilidad, rapidez y sigilo.
Y ya que entro en fauna marina, quiero hacer una mención especial a dos criaturas muy importantes en la cultura hawaiana.
• Pez ballesta Picasso: Conocido en Hawaii como Humuhumu-nukunuku-a-puaa (pez que gruñe como un cerdo) por el sonido que hace cuando se le asusta. Es el pez oficial de Hawaii, de colores brillantes que habita las aguas que rodean las islas.
• Tortuga verde de mar: Conocida en Hawaii como No Na Honu Kai ; Hilihili Honu. Simboliza el amor al Oceano, la longeviad, la creación y la sabiduría. Personifican a la Madre Eterna, a la evolución de la vida y al ciclo de dar y recibir que tanto es valorado y respetado en Hawaii. Representan generalmente amor, protección, curación y un corazón pacifico.



Como el mar es tan especial para los hawaianos, sus bodas sueles celebrarse en la playa en ellas, el Kahuna (sacerdote) entona un mele (canto) mientras llega el novio. A la llegada de la novia unas conchas de caracolas anuncian su llegada, llamando con su sonido a la tierra, el mar, el aire y el fuego como testigos. La madrina entrega a la novia el lei (guirnalda) del novio que se la colocará en os hombros y el padrino entregará el lei de la novia para que haga lo mismo. Luego, los novios pondrán leis a los padres de su pareja. Los novios permancen en un círculo de flores tropicales de unos dos metros de diámetro, llamado también el círculo del amor. Durante los votos de los novios suele cantarse Ke Kali Nei Au (esperando por ti). El ritual del reloj de arena es de los más notorios en la boda. En una botella se introduce arena de dos colores diferentes, representando así a cada uno de los novios. La tradición dice que la arena debe proceder del lugar de origen de los novios, simbolizando la unión de las dos tierras.




El luau era en sus orígenes un banquete donde se celebraban logros y se agradecía y honraba a los dioses. Aquí quiero hablar un poco de los platos más tradicionales para que se aprecie la presencia de productos marinos en ellos.
• Poke: Ensalada de pescado.
• Salmón lomi lomi: Ensalada de salmón y tomate
• Alaea: Sal hawaiana a la que se añade arcilla volcánica de color rojo para que tenga más óxido de hierro. Se usa en carnes asadas a la barbacoa.


Siempre he considerado que vivir en una isla debe generar una conexión muy especial con el mar y su fauna, guiando mucho la vida en relación a estos. La búsqueda de información y la lectura de sus leyendas —las cuales he decidido no incluir porque el documento se ampliaba a más de veinte páginas— me han hecho ver con otros ojos películas como Lilo & Stich, Buscando a Nemo y Moana, que, por cierto, significa océano en maorí. En buscando a Nemo encontramos a las Hanu, recorriendo el mar desde que son poco más que crías recién salidas del cascarón. Vemos en el padre de “Peque” una actitud quizá pasiva y confiada para nuestra mentalidad protectora hacia los niños pero, tras leer sobre estas tortugas y su fortaleza, se comprende mejor esta actitud. Así mismo, en Lilo & Stitch encontramos a Lilo alimentando a un pez, asegurando que ese pez controla el clima. También en esta película se ve cómo la niña baila hula, hace surf y hasta toca el ukelele y cómo su hermana trabaja en un luau. Y, por último, Moana nos muestra a los navegantes polinesios, conocidos por su espíritu aventurero y explorador al tiempo que nos introduce a Maui, un dios tatuado al puro estilo maorí. En una escena se ve a la abuela de Moana luciendo un tatuaje de una mantarraya en la espalda diciendo que se reencarnará en ese animal al morir. Si se recuerda lo explicado más arriba al hablar de tatuajes, veremos que este animal tatuado simboliza entre otras cosas adaptación, gracia, paz, agilidad, rapidez y sigilo y, viendo las escenas en las que aparece este personaje, se aprecia que concuerdan con su personalidad.
He buscado varias imágenes de diferentes localidades de Hawai en diferentes estaciones y situaciones climáticas para conocer un poco mejor el lugar de un modo más visual y la primera impresión en todas y cada una de las imágenes era la de pensar “si los dioses han creado un paraíso para los humanos, está en Hawaii”. Es una mezcla de tierra, aire (desde brisa, mar y fuego en armonía. Hay múltiples vídeos e imágenes de volcanes en erupción y del momento en que la lava se sumerge en el mar que son simplemente de una belleza hipnótica.



Leyendo y viendo vídeos de hula he apendido a apreciar mejor este baile comprendiendo los movimientos de las manos que muchas veces representan movimientos de olas y árboles, contando una historia llena de simbolismo.

Pero, no he querido quedarme solo con la parte romántica de Hawai y he indagado seriamente en su actualidad.
El nivel de vida es caro debido a que están en pleno océano pacífico, lo que todo lo que venden es de exportación aérea o marina, lo cual encarece los precios ya que también son necesarios más lugares de almacenaje. Debido a estos altos precios en absolutamente todos los productos e incluso en las viviendas, hay un alto porcentaje de sin techos que terminan viviendo cerca del río en tiendas de campaña. Al ser islas, tienen un espacio reducido para el vertido de residuos y actualmente sus basureros se están colapsando. Todo esto nos vuelve a dar una bofetada de realidad, diciéndonos que todo lo hermoso puede tener un rostro oculto que puede llegar a generarnos rechazo.
En definitiva, las tradiciones y leyendas antiguas nos muestran las aguas como amigas pero también como un lugar peligroso al que hay que respetar y no tomar a la ligera. Por hermosa que pueda ser una ola, esta también puede hundirte.